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LLENÁNDOSE DE LASTRE - 24 Septiembre 2008 - 23:06 (Escrita por: La Prensa de Barinas) Domingo Fontiveros
El gobierno ha sobrecargado hasta un máximo las obligaciones del Estado venezolano en multitud de ámbitos, mucho más allá de lo establecido constitucionalmente y de lo medianamente sensato. Lo peor que ha hecho, materialmente, es volver a convertir al Estado en actor empresarial de todos los tamaños, desde detallista y hotelero, hasta metalúrgico y agroalimentario, aparte de petrolero y minero.
Esto es un error garrafal que traerá consecuencias dañinas para el bienestar de la población y la seguridad de la nación. No se trata sólo de que desde hace tiempo el sector público agotó su capacidad gerencial para resolver problemas. Más trascendente es que con ello está corroyendo las bases productivas del país y su capacidad para generar excedente económico fuera del petróleo. Incluso, buena parte del superávit petrolero se debe a los precios de hoy, porque los costos y las deficiencias internas de la industria se han multiplicado. Sin excedente, se pierde la capacidad de invertir, crecer, abrir empleos y mejorar la calidad de vida.
Y es que la entidad real de un Estado se mide por su base de sustentación económica. Y no hay mejor forma de arruinarla que practicar el socialismo de Estado. Esto lo aprendió dolorosamente la vieja Urss, a pesar de sus enormes reservas de recursos naturales. China hizo lo mismo y aceleró sus reformas económicas después de la caída del muro de Berlín, lo que le ha permitido estar a punto de ser ya la segunda potencia económica del mundo. India y Brasil han hecho otro tanto.
Dentro de las filas de la izquierda venezolana, incluyendo a varios que han estado o siguen cerca del "proceso", se acumulan las advertencias sobre las precariedades evidentes de la teoría económica de la revolución, y se reivindica la importancia estratégica de un sector privado sano y eficiente para movilizar los factores productivos. Sin dinamismo en la generación y aprovechamiento del excedente económico no hay inversión suficiente ni avances en el desarrollo. Y sin desarrollo ¿para qué sirve la "revolución"?
Esta carencia es como una falla geológica en las bases económicas del proyecto chavista, que se abrirá incluso sin necesidad de un desplome en los precios mundiales del petróleo. Las cuentas no le cuadran al Ministerio de Economía y ya no es posible seguir ilusionando que con la emisión infinita de dinero inorgánico se puede sostener el crecimiento y sobrevivir a la inflación.
El dogmatismo ideológico en el núcleo del poder no permite valorar las críticas que formulan propios y extraños. Se piensa que la aplicación de poder es capaz de resolver los asuntos económicos a escala nacional y que si las cosas se siguen complicando, entonces la solución será aplicar dosis mayores de poder y control.
Esta concepción es obviamente suicida para el Estado y aterradoramente perjudicial para toda la población, aparte de las consideraciones usuales sobre su carácter antidemocrático e inconstitucional. No obstante se persiste en el mismo camino. Con ello el Estado se llena de responsabilidades que no puede cumplir.
El gobierno, en lugar de administrar sus obligaciones con sentido de eficiencia, se va llenando de lastre. Llegado un momento, como a los barcos, el peso del lastre supera al del agua que puede desplazar el casco; y entonces, se hunde.
dfontiveros@cantv.net
[La Prensa de Barinas de Venezuela]
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